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| Meditación diaria |
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10 de Marzo de 2010 |
LA PREOCUPACIÓN DE JESUCRISTO POR LOS SUYOS 1.
“He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.” Juan 17:6.
La oración intercesora ofrecida por Jesús al Padre en presencia de los discípulos es muy instructiva. Las palabras contenidas en Juan 17 pertenecen a la oración que hizo Jesús antes de entrar en el huerto de Getsemaní. En el texto de cabecera se nota la relación que el Señor Jesucristo tiene con los suyos. 1. El había manifestado el nombre del Padre a los discípulos. 2. Ellos habían salido de su mundo particular para formar parte de la familia de Dios. 3. Los discípulos fueron dados por el Padre al Hijo para ser testigos en el mundo. 4. Ellos habían respondido a la enseñanza de Jesús en forma positiva obedeciendo las instrucciones dadas por Él. No solamente fue ésta la experiencia de los discípulos sino que es también la de los cristianos en el día de hoy.
Anteriormente Jesús había dicho: “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” Lucas 10:22. Es necesario ser de la misma naturaleza divina para conocer a otra persona con las mismas características. La naturaleza de la deidad es inescrutable. Por lo tanto, sería imposible que algún ser humano pudiera conocer de lleno la esencia divina. Sin embargo, la gracia de Dios ha hecho posible que tengamos conocimiento de Él y de su deseo de relacionarse con nosotros. Por eso vino Jesús al mundo para dar a conocer la verdad acerca de Dios. Por ejemplo, “El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” 2 Pedro 3:9. Solamente a través de Jesucristo el Hijo de Dios y su Palabra podemos saber los pensamientos del Padre.
Cuando el ser humano escucha el evangelio y conoce el amor de Dios para con él, acepta la verdad por fe y el Espíritu Santo le hace nacer de nuevo. El individuo es “librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” Colosenses 1:13. Deja de formar parte del mundo condenado por el pecado y ya pertenece a la familia de Dios por medio de Cristo Jesús. Todo esto es posible por la obra de Cristo en la cruz. Ahora, resucitado y glorificado intercede por los suyos. El creyente tiene una relación eterna con el Padre, y con el Hijo y con el Espíritu Santo. Ha dejado el sistema mundano caracterizado por la desobediencia ante Dios y ahora el discípulo es obediente a la voluntad del Padre, haciendo lo que le agrada. Gracias a Dios por la revelación que tenemos por medio de Cristo y nuestra relación con Él. --daj
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